domingo, 23 de abril de 2017

EL VALOR DE UN APLAUSO FRATERNO




Hace un par de semana vi en la red y luego en la televisión un hecho curioso, emocionante, muy poco común. Iba a decir inédito, pero se que no lo es.
En el aeropuerto de Santiago de Chile, un grupo de más de cincuenta militares españoles, uniformados, con sus mochilas a la espalda y en semi formación, entraban a la sala de embarque para regresar a su país. En Chile, enero y febrero son los meses de vacaciones y el aeropuerto estaba a rebosar. Nada más asomar por la puerta de entrada los primeros militares y al darse cuenta la gente de quiénes eran, se escucho un atronador aplauso que no cesó durante mucho rato. ¡Viva!, ¡Bravo!, ¡Gracias! Eran los gritos más repetidas. Mientras aplaudían, a muchas persona se les asomó más de una lágrima. A los que vimos esa cariñosa y estruendosa despedida en un video o en la tv, también se nos humedecieron las mejillas.
Los festejados eran un contingente de militares españoles pertenecientes a la UME (Unidad Militar de Emergencias) que se había desplazado a Chile para colaborar en la extinción del mayor incendio en la historia del país. El grupo operativo español trabajó codo a codo con otros voluntarios procedente de Francia, Estados Unidos, México, Perú y Colombia. Es fácil comprender que esa emocionante y calurosa despedida era para todos los voluntarios internacionales. Sin embargo, fueron los españoles los que se llevaron como recuerdo el aplauso más fraternal y prolongado que, seguramente, nunca habían escuchado.
Iba a decir que ese homenaje era inédito, pero se que no lo es. Cuando vi esa escena, vino a mi mente la llegada del barco “Winnipeg” a Valparaíso. Tenemos que salvar todas las distancia, de tiempo y de circunstancias, para asimilar estos dos emotivos momentos. Los combatientes contra el fuego del UME, venían por un corto tiempo a colaborar en la superación de una tragedia, y el emotivo y prolongado aplauso que recibieron fue de agradecimiento y despedida.
Los españoles que arribaron en el “Winnipeg” venían a quedarse. Eran los combatientes vencidos de una encarnizada guerra. Eran los expulsados de su patria, los sin tierra, los exiliados. Sin embargo, aquella mañana del 3 de septiembre de 1938, cuando comenzaron a descender del barco, la multitud que los esperaba en el puerto rompió en un clamoroso aplauso, en unos fuertes vivas y bravo que los pasajeros del barco, los que aun viven, todavía no olvidan y, seguramente no olvidarán jamás.
Es posible que ese aplauso, ese recibimiento con banda de músicos, con cantos republicanos, ese calor entregado sin esperar nada a cambio, les reconfortó el alma. Ellos dejaban atrás una vida en su país natal, dejaban una morada, una familia, un trabajo y unos amigos; también dejaban tres años de cruel guerra entre hermanos. Luego de un triste éxodo en busca de una tierra que creían de igualdad, libertad y fraternidad, pasaron seis meses en los inhumanos campos de concentración franceses y, luego, casi un mes de expectante travesía a bordo del viejo carguero. Atrás quedaba la muerte de un niño de tres meses de edad sepultado en el mar, frente a las costas peruanas. Atrás quedaban las largas discusiones sobre la derrota y las especulaciones sobre el porvenir de cada uno. El futuro, para ellos, comenzaba en Valparaíso, el Valle del Paraíso.
Entre esos pasajeros, Juan Vélez Soriano, natural de Badalona, provincia de Barcelona, quién después de combatir en la guerra civil y pasar a Francia, había sido recluido en el campo de concentración de Adges. Allí cumplió los 19 años de edad. Su juventud le aportó las fuerzas necesarias para soportar el frío, el hambre y las penas. Vélez Soriano recuerda que a su llegada, la tibia primavera rondaba ya el puerto de Valparaíso: “El amanecer de ese día 3 de septiembre de 1939 fue esplendoroso; el sol tenía fuertes deseos de romper el alba. (…) Ya repuestos de ese esplendor contemplamos abismados cómo cientos de chilenos se apiñaban y con cantos nos recibían alborozados, habían sufrido durante casi tres años la angustia de ver desmoronarse la democracia en la madre patria, tenían el alma dolorida, querían abrir las puertas de par en par, querían acoger en sus hogares, empresas, comercios, industrias, colegios y universidades a los vasallos que habían dejado atrás la ignominia, tan solo por defender con ardor la democracia, valor intransable.”
La santanderina Virginia Miranda, una niña en esa época, recuerda que al
atracar el barco a los recintos portuarios: “advertimos desde la cubierta la gran cantidad de gente que nos esperaba. Después supimos que había ministros de Estado, autoridades locales y los miembros del comité que estaba a cargo de nuestra recepción y ubicación. Había también una banda que interpretó música chilena. Esa estampa quedó grabada para siempre en nuestros corazones. (…) Nunca olvidaré -recuerda- la llegada a Valparaíso. El Comité de Recepción que se había organizado aquí tenía todo previsto. Unas 400 personas quedarían en esta ciudad. Tan pronto descendimos del barco y cumplimos con los trámites correspondientes nos llevaron en buses al Centro Español. No teníamos documentos, había un pasaporte colectivo. Desde allí, en los mismos buses nos fueron distribuyendo en los alojamientos que estaban preparados.”
Hace unos meses, en Chile, su patria, falleció José Balmes, uno de los más connotados pintores chilenos. Balmes fue galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1999. Había nacido en Montesquieu, Cataluña. Llegó a Chile a los doce años, a bordo del “Winnipeg”. En esa fecha ingreso, por su corta edad, como alumno libre en la Escuela de Bellas Artes; en 1973, antes del Golpe de Estado de Pinochet, era el Decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Después del golpe militar, se exilió en Francia y regresó a Chile en 1983, desafiando las leyes de la dictadura.
Este pintor chileno nacido en Cataluña, vivió dos exilios. El primero, el de su niñez, lo recuerda con nitidez. Señala que al llegar a Chile, comprendió nuevamente, después de mucho tiempo, el significado de un abrazo. El tren que los trasladó de Valparaíso a Santiago, recuerda, pasó muy lentos por las diferentes estaciones; “gentes que no conocíamos nos entregaban rosas y claveles. Al anochecer miles de hombres y mujeres nos esperaban en la Estación Mapocho. Era el comienzo de un exilio distinto. Un tiempo después, esta tierra también sería ya la mía para siempre.”
Y así sucedió, hoy José Balmes reposa en una tierra que fue y es suya para siempre, en un pequeño cementerio de su pueblo chileno, al lado de Isla Negra y de la casa de su amigo Neruda.
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ttps://intereconomia.com/tendencias/entretenimiento/emocionante-despedida-aplausos-la-ume-espanola-aeropuerto-chile-20170213-1323/


http://www.ume.mde.es/multimedia/video/album.html

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Historia de una vieja amistad. Pablo Neruda y Luis Enrique Délano


Rastreando la poesía y la prosa de Pablo Neruda encontramos sólo una referencia a Luis Enrique Délano. Paupérrima evocación literaria si pensamos que protagonizaron una amistad que comenzó en plena juventud y terminó (por lo menos se vieron por última vez) en Estocolmo, cuando uno recibía el Premio Nobel de Literatura y el otro era Embajador de Chile en Suecia.
Creemos que fue una amistad robusta y trascendente para ambos. Es anecdótico resaltar cómo se empiezan a entrelazar los caminos incluso antes de conocerse personalmente. Como muchos otros personajes que Neruda menciona en sus memorias, Romeo Murga pasó también a formar parte de los recuerdos de juventud de Délano. Antes de ser su profesor de francés en el Liceo de Quillota, Murga había sido compañero de habitación de Neruda en una pensión de calle Maruri.
Ya en 1927, cuando en la capital ambos pertenecían a la estirpe de los necesitados estudiantes de provincia, Délano recuerda que Neruda antes de viajar a Oriente; me regaló una mesa pequeña y una silla negra, alta de respaldo, que le había hecho Pachín Bustamante, que además de gran pintor era tallador, ebanista, carpintero, etc. Una mesa y una silla conformaban todo el patrimonio material del poeta, bienes que en la juventud, sólo se ceden a un buen amigo.
El destino se encargó de unir sus vidas en distintos sitios y épocas. Luis Enrique Délano fue el más cercano colaborador de Neruda en el desempeño de su función consular en Madrid. Luego, en Chile, compartieron la fundación de la mítica Alianza de Intelectuales. En México, cuando Neruda fue nombrado Cónsul General, Délano desempeñó el cargo de Cónsul en Ciudad de México. En aquel país incluso llegaron a compartir la vivienda y en un acto tan íntimo como es el matrimonio, Délano fue uno de los testigos en el enlace civil del poeta con Delia del Carril.
La amistad y admiración de Luis Enrique Délano por Neruda no solo se reflejó en el terreno político o diplomático. Es poco conocida su intervención en la publicación de dos obras del poeta.
En 1932, Délano era el editor de la empresa Letras, que fundó y dirigió Amanda Labarca y que dio un notable impulso a la publicación de libros chilenos. Con persuasión e iniciativa y un profundo amor a la poesía, propuso a la empresa crear una nueva colección al sello. Así nacieron los denominados Cuadernos de Poesía, que se sumaron a la serie de novelistas chilenos y a las otras ya existentes. Estos cuadernos se iniciaron con Palabras de amor, de Roberto Meza Fuentes y Afán del corazón, de Ángel Cruchaga Santa María. Sin embargo, además de los títulos publicados, Délano recuerda que tenía un secreto plan. Sin consultarlo con su directora, se fue un día a visitar a Neruda, que entonces se desempeñaba en la biblioteca del Ministerio del Trabajo. Le propuso la publicación de El hondero entusiasta, un inédito escrito entre Crepusculario y los Veinte poemas de Amor. Recuerda Délano que Neruda: Se había negado a editarlo porque reconocía en él una fuerte influencia del poeta uruguayo Carlos Sabat Ercasty. Al principio me dijo que no, pero volví a hablarle y a insistir "con cansada insistencia". Un día llegué triunfante con los originales a la editorial. No quiero decir que de todos modos, tarde o temprano, ese libro no habría tenido que salir a la luz. Claro que sí; Pero tengo cierta razón para sentirme orgulloso de haber convencido al poeta.
El libro vio la luz el 24 de enero de 1933. Los poemas iban precedidos de una Advertencia del autor, en la que declaraba la influencia del poeta uruguayo Carlos Sabat Ercasty sobre esa poesía escrita 10 años antes.

En agosto de 1949, amparado en la llamada "Ley Maldita", Gabriel González Videla cesó a Luis Enrique Délano de su puesto consular en Nueva York. El escritor se trasladó a México donde participó de forma activa en la organización del Congreso por la Paz que se celebró en la ciudad de México en septiembre de ese año. Una vez concluido el Congreso, Luis Enrique vuelve a dar muestras de desinteresada amistad con Pablo Neruda. Se convirtió en un eficaz colaborador en la monumental edición del Canto General. En carta fechada el 15 de octubre de 1949, dirigida a Nemesio Antúnez, quien por esos años se encontraba becado en Nueva York haciendo un "Master of Arts" en la Universidad de Columbia, Délano describe la intensidad del trabajo en esos meses: Durante el Congreso y el pre Congreso, mejor que no les diga nada, pues tuve que dar de mí todo lo que podía y en las noches, después de un trabajo de, a veces, 18 o 20 horas, me acostaba más rendido que un perro apaleado y ni siquiera podía dormir bien... Luego de contar a los Antúnez los pormenores de la enfermedad de Neruda, Délano asume su nueva condición de "administrador económico" de la edición del nuevo libro: Desde su cama. Pablo está dirigiendo la edición monumental, de lujo, de CANTO GENERAL, con dos dibujos de los dos grandes sobrevivientes de la pintura mexicana: Diego y Siqueiros. Cada ejemplar llevará dedicatoria del autor y las firmas de los pintores debajo de sus dibujos. La edición se hará por suscripción y el nombre del suscriptor irá impreso en el libro. Suscripción $15 dólares. Si entre los admiradores neoyorquinos de Pablo hay algún interesado en suscribirse, les agradeceré que manden a vuelta de correos el nombre y los 15 dólares. Les acompaño un prospecto de la edición.

El pintor y su esposa, Inés Figueroa, no tardaron mucho en contestar la carta de Délano adjuntando quince dólares cada uno. Fueron los primeros subscriptores en Nueva York. Sin embargo, el intenso ajetreo pasó la cuenta al "administrador económico". La subsiguiente carta a los Antúnez, ya no la firmaba Délano, lo hacía su amigo César Godoy Urrutia: Él [Délano] me encargó que le despachara hoy los prospectos que usted pide. Sucede que Enrique está algo enfermo y el médico lo dejó por un par de días en cama. No es nada de cuidado, pero no está en condiciones de escribir.
Es evidente que la monumental edición del Canto General en México tiene mucho que agradecer a los muralistas mexicanos, a Miguel Prieto y a varios más. Pero, en la historia de esta publicación se omite muchas veces el trabajo desinteresado de Luis Enrique Délano.

miércoles, 24 de agosto de 2016

PERO PARA MI NO MURIÓ UNA "LACRA"; MURIÓ MI ALUMNO.

Digo y sostengo que la crisis en la educación y en la salud no sólo en una carencia de medios; también tiene que ver con la actitud de los que trabajan en ello.
Hace unos días, en Quilicura, dos jovenes, de 16 y 17 años, murieron tras perder el control del auto que acababan de robar y estrellarse contra un árbol a más de 160 kilómetros por hora mientras huían.
Mucha gente expresó en las redes sociales su alegría por la muerte de los jóvenes. Cada historia tiene dos versiones y Daniela, la psicóloga que ejerció como profesora jefe de uno de ellos, utilizó Twitter para dar a conocer que uno de ellos era uno de sus alumnos.
Esto es lo que dijo Daniela, una profesora comprometida y digna:

“Voy a contar una historia. No sé si le pongan mucha atención, pero la contaré igual. El año 2011 llegué a trabajar a mi pega actual. Un colegio con alto índice de vulnerabilidad en la comuna de Quilicura. Ahí lo conocí. Un niño de 7º básico cuyo nombre empecé a escuchar frecuentemente por su conducta. Se portaba re mal el cabro. El típico chiquillo inquieto, con ganas de hacer otras cosas, le costaba estar tranquilo en clases, pero era entrete conversar con él.
Al año siguiente, en 8º básico, tuvo una nueva profe jefe, la que se accidentó en marzo, y el curso necesitaba que alguien se hiciese cargo. Asumí yo. Total, sería por un par de semanas, pensé. Estuve 3 años con ellos. Y este cabro, pasó a ser mi desafío personal. Estuve todo octavo buscando la manera que no se perdiera, que fuese a clases, que llegara.
Tuve miles de conversaciones con él, me empecé a acercar y sentí que empezaba a tener un vínculo. Recuerdo cuando me habló de su padre… “Tía, él está en la cárcel y yo no quiero ser como él”. Después de esa conversa empecé a tener pequeños logros.
Habías días completos donde escribía o semanas en que no faltaba. Igual muchas veces se portaba re mal y eso cansaba a los profes. Como yo no hago clases, pasaba horas en la sala acompañándolos, ayudándolos, explicando materias. Y él me permitía. Me la jugué (y varios más) para que él siguiera en el colegio en primero medio. Yo seguiría siendo su “profe” jefe.
Creo que primero medio fue el mejor año. Ocupamos la estrategia de que fuese colaborador oficial del colegio. ¿Qué significa? Nos ayudaba en cuanto acto había. Cargaba sillas, corría bancas, armaba escenarios. Se quedaba después de clases y le encantaba. Él elegía a otros niños para que le ayudasen en estas labores, él coordinaba, organizaba y cargaba con ellos. Siempre con una sonrisa.
Varios en el colegio tenemos el recuerdo de ellos tirando un carro con uno arriba, muertos de la risa, cargando cientos de sillas. Empezó a acompañar en las salidas pedagógicas a cursos más chicos, y ayudaba a cuidarlos. Todavía me acuerdo cuando fuimos al zoo con 1º y se hizo cargo de 5 pitufos, los más malillas del curso. Puntos de 7 años. Los hizo subir y bajar el cerro muchas veces. Tipo 14 horas me lo encontré abajo, rodeado de los niños, todos tomando helado. Felices. él les compró. De vuelta al colegio, le dije que fue valiente de hacerse cargo de 5 niños tan inquietos, y que lo había hecho super bien. ¿Qué me dijo? “Tía, es que yo soy como ellos, entonces los entiendo”. Puta, yo feliz. Orgullosa de lo que estábamos haciendo.
El colegio fue sede de elecciones y ahí estuvo acarreando mesas y sillas. Hasta fotógrafo fue una vez, en un acto. Demás está decir que sacó fotos maravillosas.
No tenía una conducta ideal, pero yo sentía que algo bueno estábamos haciendo con él. Cada vez faltaba menos y se controlaba más en la sala. Habían días malos. Esos días me lo llevaba a mi oficina y hacíamos las tareas ahí. Era pésimo en matemática. Le gustaba historia. Pero lo que más le gustaba era armar y desarmar cosas. Amaba tecnología y mi oficina estaba llena de sus trabajos.
En 2º medio seguimos en la misma dinámica, al menos el primer semestre. Me acuerdo que me ayudó a organizar el ver el partido del mundial. Llevó su parrilla eléctrica,hicimos choripanes para ver el Chile-Holanda. Nos comimos 120 con el curso. después dejó todo ordenado.
Pero el segundo semestre lo empezamos a perder… empezó a faltar, estaba desmotivado. No sé en que punto lo perdí. Yo seguí teniendo un buen vínculo con él y eso me permitía hablarle harto. Mucho. Pero yo sentía que cada vez costaba más sostenerlo. Un día, descubrimos que él junto a un chico más grande, robaron una pequeña (pero indispensable) mesa de sonido del colegio. Hablamos con ellos. La tenía en su casa, la fue a buscar y la entregó. Hablamos con sus padres, que se enojaron con nosotros. Nunca entendí mucho la postura de sus viejos ni su enojo. Pidieron que no lo consideráramos más como colaborador y que se lo iban a llevar del colegio a él y sus hermanos chicos. a fin de año.
Él obviamente tomó una postura a la defensiva, se empezó a portar muy mal y volvió a ser desafiante. Tuvimos que sostenerlo. Los profe, y se entiende, ya no tenían mucha paciencia y yo varias veces lo llevé a mi oficina a que hiciera pruebas o trabajos. Las últimas semanas lo mandaban a dar pruebas no más, y no lo matricularon en la fecha que correspondía.
A mediados de enero (la matrícula comenzó en agosto del año anterior) la mamá fue al colegio a pedir la matrícula. Ya no habían cupos. Que lo de llevárselo era un cuento del papá, de orgullo. Matriculó a los dos chicos y el mío se fue a otro colegio.
La mamá me dijo que estaba preocupada por las “juntas” que tenía. Algo había pasado de un asalto a una botillería donde estaba metido. Le insistí que era muy importante que él estudiara y no desertara.
No duró mucho en el otro colegio. Lo echaron y estuvo todo el año pasado sin estudiar. Perdió el año. Y ese año sin estudiar, fue propicio para que tomara malas decisiones. Empezó a cometer delitos. Un par de veces llegó al colegio a saludar. Otras veces llegó volado con otros amigos. Ahí el que lo veía le insistía en que estudiara, que retomara el colegio, que no se quedara. Este año, retomó. Empezó a estudiar mecánica. Y cuando supe, me alegré. Le encantaba armar y desarmar.
Hace un poco más de una semana, estuve hablando con su hermano chico, que está en 4º básico. Y me contó como andaba. No me contó cosas buenas. Pero me dijo que estaba contento con la mecánica y que iba a trabajar en eso con un tío. Ese fue mi punto de esperanza. Ya, este cabro lo tiene que lograr. Si no pudimos nosotros apoyar, iban a poder otros.
Y bueno, el final de la historia ustedes la saben. Murió después de robar un auto y chocar a muchísima velocidad, el domingo. Iba manejando.
No se imaginan lo que fue mirar su cara en la tv. Escuchar su nombre. En mi vida había sentido una frustración tan grande. Y llevo 3 días preguntándome en qué momento lo perdimos. Y miro a los cabros de la media y siento pánico de perderlos también.
Y puta, sé que no hizo cosas buenas. Pero para mi no murió una“lacra”. Murió mi alumno. El que yo tanto quería y con el que tanto intentamos. Pero no pudimos. Fracasamos. Y tengo pena.

sábado, 20 de agosto de 2016

Les dejo el link del Reportaje sobre el viaje del Winnipeg, emitido por Megavisión, el pasado 7 d agosto.
https://www.youtube.com/watch?v=PUsdLpYSkzM

miércoles, 6 de julio de 2016

Hermosa reseña de mi libro en Barcelona.

En la revista científica "Laberintos" número 17, editada por la Conselleria de Cultura, Educació i Esport de la Generalitat Valenciana, aparece una notable reseña del libro "Winnipeg. Testimonios de un exilio" de mi autoría, escrito por la académica e investigadora del grupo Gexel de Barcelona, Yasmina Yousfi López. Pueden leer la revista en el siguiente link:
http://bv.gva.es/documentos/lab17.pdf



y la reseña se las enseño a continuación:


Winnipeg. Testimonios de un exilio. Gálvez Barraza , Julio. Sevilla: Renacimiento, Biblioteca
del exilio, 2014, pp. 423. Yasmina Yousfi López. gexel - cefid Universidad Autónoma de Barcelona.
Laberinto (Revista de estudios sobre los exilios culturales españoles) N.º 17, 20015. pp. 510-512.

La palabra Winnipeg es alada. La vi volar por primera vez en un atracadero de vapores, cerca de Burdeos. Era un hermoso barco viejo, con esa dignidad que dan los siete mares a lo largo del tiempo.
Pablo Neruda

¿Dónde queda Chile? En el fin del mundo, era la respuesta.
Virginia Miranda, pasajera del Winnipeg.

La profusa trayectoria del escritor y ensayista chileno Julio Gálvez Barraza (Santiago de Chile, 1949) se ha detenido en numerosas ocasiones en el tema del exilio republicano español de 1939 en Chile. Setenta y cinco años después de la llegada del Winnipeg a Valparaíso, Renacimiento publica Winnipeg. Testimonios de un exilio, el resultado de una necesaria investigación que ya vio la luz en 2012 gracias a la editorial chilena Cal Sogas. Se trata de un estudio que, por una parte, reconstruye detenidamente la diáspora de 1939 a Chile y, por otra, el proceso de integración de los españoles en su país de acogida. Es conveniente, pues, hacer hincapié en el modo en que Gálvez realiza esta reconstrucción histórica —«detenidamente»— porque Winnipeg.... se erige como un gran testimonio forjado por múltiples voces recogidas a lo largo de un meritorio trabajo de documentación del que destacan la búsqueda de fuentes hemerográficas y la realización de entrevistas.
El libro comienza con un capítulo titulado «Un exilio distinto» en el que Gálvez narra el desarrollo de los primeros días de exilio chileno, desde que el Winnipeg atracó en Valparaíso, el 3 de septiembre de 1939, hasta el proceso de acomodamiento en pensiones, casas particulares... que el Comité de Ayuda a los Refugiados brindó a los españoles días después. Se trata, pues, de una descripción muy detallada que parte de una concatenación de anécdotas, extraídas, principalmente, de testimonios orales y artículos de la prensa chilena de la época. Este ejercicio de literatura testimonial da al lector la oportunidad de conocer las sensaciones y las primeras impresiones que los españoles tuvieron al pisar tierra firme. Palabras de exiliados, con nombres y apellidos, y de chilenos, entusiasmados por el acontecimiento, contribuyen a mostrar la cara más íntima, también la más emocionante, de tal encuentro, y a poner el acento en un hecho que, relegado frecuentemente a un segundo plano, cobra, aquí, la importancia merecida: el admirable comportamiento altruista de los chilenos, esa primera toma de contacto entre dos pueblos que se disponían a convivir. Gálvez desgrana paulatinamente este punto a lo largo del libro a través de temas diversos como, por ejemplo, las dificultades de la misión de Neruda como Cónsul Especial en Francia, las presiones y la crisis ministerial que sufrió el gobierno de Pedro Aguirre Cerda en el proceso, las campañas de prensa chilena a favor de la llegada de los exiliados, como la de la revista Qué hubo, o la adecuación profesional, por gremios, de los españoles en función de las necesidades del país andino.
Resulta interesante, también, el capítulo dedicado a la odisea marítima del buque, que zarpó de Francia un 4 de agosto y que, según «el informe Neruda» —reproducido en este ensayo—, entre refugiados y algunos chilenos que combatieron en las Brigadas Internacionales, llevaba a bordo 2.004 personas, cifra aún especulativa —que contrasta con los datos de la última investigación sobre el Winnipeg, Los españoles del Winnipeg de Jaime Ferrer Mir que cita a 2.300 tripulantes— e incompleta. Gracias a los recuerdos de Leopoldo Castedo, Montserrat Julió, Roser Bru, Ovidio Oltra, entre otros, a las cartas para el Cónsul Especial para la Inmigración de chilenos combatientes en las Brigadas Internacionales que se conservan en la Fundación Pablo Neruda y a otros relatos recogidos en el homenaje Winnipeg. 60 años editado por el Centro Cultural de España en Chile, la narración incurre en el día a día de los pasajeros y de la tripulación: se habla de los problemas iniciales del viaje como el
insuficiente personal de servicio, que se solventó con la ayuda de doscientos pasajeros en máquinas, cocinas, limpieza, enfermería, comedores..., se describen las actividades culturales ofrecidas, las charlas de «chilenidad», se reconoce el apoyo recibido en las escalas, como en Isla Guadalupe, se señalan los incidentes en puerto de Colón, cerca del Canal de Panamá, donde el barco fue declarado «en cuarentena», o la incertidumbre alentada por informaciones radiofónicas sobre la firma del pacto de no agresión entre la Alemania nazi y la Unión Soviética que generó discusiones políticas y el distanciamiento de los miembros del Partido Comunista.
En cuanto al apartado que analiza el proceso de integración de los exiliados en Chile, merece la pena mencionar que Gálvez, si bien continúa alternando testimonios que evidencian la solidaridad del pueblo chileno, también rescata la dura polémica desatada por parte de la derecha chilena ante las campañas a favor de la inmigración que valoraban la mano de obra española para el desarrollo del país —apoyadas por los miembros de la Conferencia Panamericana de Ayuda a los Refugiados, celebrada en
febrero de 1940 en Ciudad de México, donde se consideró a Chile como uno de los países idóneos para acoger a más exiliados—. El miedo a que los españoles provocaran desocupación en el sector obrero chileno era el argumento de las facciones más conservadoras del país, representadas por cabeceras como El Mercurio y El Diario ilustrado. Gálvez recoge sus artículos más controvertidos, así como otros de la revista Qué Hubo, interesada en ilustrar casos de refugiados para dar muestra de su pronta
integración en el país, por lo que esta batalla periodística, convenientemente documentada, se alza como uno de los capítulos más sugestivos del ensayo.
Tampoco queda atrás la revisión de los aportes del exilio donde el autor describe, princialmente, proyectos intelectuales como la editorial Cruz del Sur, el Teatro Experimental y la trayectoria individual de escritores, críticos, periodistas, filósofos, músicos, pintores e historiadores influyentes como Pablo de la Fuente, José Ricardo Morales, Diana Pey, Leopoldo Castedo, Darío Carmona, Roser Bru, José Ferrater Mora... La edición de Renacimiento, además, añade un valioso epílogo que robustece estos Testimonios de un exilio y revela, definitivamente, parte del modus operandi del autor: se reproducen íntegramente dos recientes entrevistas a pasajeros del Winnipeg, Víctor Rey, «el ingeniero de altos ojos», y el pintor José Balmes, «el más chileno de los exiliados», que despiertan sus recuerdos y hablan largo y tendido acerca de su vida, la guerra, la familia, el trabajo, el exilio ... y, sobre todo, acerca de Chile. Si bien Gálvez es consciente de que los testimonios «no siempre son el reflejo fiel de lo sucedido», mediante el contraste exhaustivo de fuentes orales y escritas, complementarias en muchos casos, consigue dignificar un capítulo más de nuestro exilio republicano de 1939 reconstruyendo no solo la memoria de los que contribuyeron a que «América se hiciese», como tantas veces ha indicado José Ricardo Morales, sino también la de aquellos que, desde antes de que el Winnipeg atracó en Valparaíso, les tendieron su mano solidaria.

viernes, 10 de junio de 2016

Una carta de Luis Enrique Délano a Pablo Neruda



La amistad entre Pablo Neruda y Luis Enrique Délano se remonta a los años en que el poeta se disponía a salir para Rangoon, donde había sido destinado como cónsul. De hecho, ya en 1927, ambos muy jóvenes aún, tenemos muestras de este mutuo aprecio. Délano, en su libro de memorias Aprendiz de escritor, recuerda un regalo que le hizo Neruda con motivo de su viaje a Oriente:

Ese año partió al Oriente designado cónsul en Rangoon. Antes de irse me regaló una mesa pequeña y una silla negra, alta de respaldo, que le había hecho Pachín Bustamante, que además de gran pintor era tallador, ebanista, carpintero, etc. Andando los años le regalé la silla a un amigo. La mesa, que todavía conservo, ha resistido varias capas de pintura. Le dieron a Pablo un gran banquete de despedida en una quinta de los alrededores, del que existe una divulgada fotografía. No pude ir por una razón muy simple; no tenía dinero para pagar la cuota.

Huelga decir que la amistad entre Délano y Neruda comienza basándose en la devoción que ambos profesan por la literatura y la admiración que despertaba el poeta en el joven aprendiz de escritor. A lo largo de los años esta amistad se iría estrechando en largas horas de convivencia; primero en Madrid, donde Neruda fue designado cónsul en reemplazo de Gabriela Mistral y Délano, ya colaborador de la poetisa, siguió ocupando el cargo con el nuevo titular. Luego en la larga convivencia en México, donde ambos desarrollaban cargos diplomáticos. No cabe duda que el testimonio de Luis Enrique Délano constituye un punto de referencia obligatorio en cualquier acercamiento biográfico a la vida y obra de Pablo Neruda.

A partir de 1937 se introduce un elemento vinculante en sus relaciones, que si bien refuerza la amistad personal, les une en un vínculo aún más estrecho que ese; Me refiero, claro está, a la lucha politizada en dos frentes paralelos que tenían su punto de encuentro en Europa, pero cuyas ramificaciones llegaban a Chile como a toda América. Por un lado estaba el fuerte impulso que ambos dieron en Chile a la solidaridad con el gobierno republicano español en plena guerra civil y por otra, la lucha frontal contra la introducción y expansión del nazismo en Chile. Estos dos frentes se canalizaban de forma organizada en la Alianza de Intelectuales de Chile y se reflejaban con toda su fuerza en su órgano de difusión; La Aurora de Chile.

Si bien es cierto que la guerra civil en España terminó con la derrota de los republicanos, no podemos olvidar que en Chile, la contienda política en la que participaban Neruda y Délano, terminó con el triunfo del Frente Popular, encabezado por Pedro Aguirre Cerda, que con el correr de los años y revisando las estadísticas del siglo, se ha convertido en uno de los mejores gobierno que ha tenido Chile en toda su historia.

El texto de esta carta inédita sitúa a Délano, su mujer Lola Falcón y el pequeño Poli, hijo de ambos, a bordo del barco italiano "Virgilio". La familia se había embarcado en el puerto de Marsella, al que llegó acompañado de Pablo Neruda, en los primeros días del mes de diciembre del año 1936. Viajaban de regreso a Chile después de casi tres años de estadía en España. Ahí Délano asistió a clases en la Universidad Central de Madrid, donde tuvo de profesor al poeta Pedro Salinas y como compañero de aulas al escritor Camilo José Cela; desempeñó su cargo de canciller del consulado chileno; nació su hijo Poli y, finalmente, el 18 de julio, los pilló en Madrid la guerra civil.

La carta
 
19 de diciembre de 1936
Querido Pablo:
 
Pasado mañana llegaremos a Colón, donde pienso poner esta carta al correo. Hemos hecho hasta aquí un viaje de perros, en las pocilgas que Ud. vio, y que vistas son casi una delicia, después que uno las ha sufrido y olido. Va con nosotros la gente más inmunda que Ud. se puede imaginar, se suenan con las manos y echan los mocos en el suelo que uno tiene que pisar; es una especie de legión extranjera de la mugre y el mal olor. Con el calor del trópico, aquello no se puede aguantar. Yo duermo todas las noches sentado en una silla en cubierta y como casi todas las noches llueve, me convierto en una sopa. Lola, por su parte, ha pasado las de Caín. Al lado de su cama va una mujer con media docena de chiquillos a los cuales hace mear y cagar en el suelo. Cuando hay mal tiempo y la gente se marea, aquello es un pozo de vómitos sencillamente indescriptibles. Y lo peor de todo es saber que nuestros pasajes son ahí, en el camarote común. A las pocas horas de navegar me llamó el comisario de la tercera clase para decirme que había una cama en una cabina de mujeres, donde podría ir Lola, pero que como el Gobierno había pagado sólo doce libras yo tendría que abonar la diferencia, diez dólares, que por cierto no llevaba. Le prometí pagárselos en el primer puerto chileno, pero no aceptó. Fui a hablar con el contador, aquel señor que tantas disculpas daba al cónsul Bazán, quién ni siquiera me quiso escuchar, tratándome poco menos que a patadas. Nos sentimos los seres más desgraciados del mundo a bordo de este buque. Las pulgas y los piojos son la orden del día en nuestros camarotes. Mi niñito se ha llenado de granos. Hay dos baños, cuatro escusados y siete lavabos para 251 personas. El agua está racionada hasta Colón y uno sólo puede lavarse, bañarse o beber entre 6 y 8 de la mañana. La comida es malísima. me parece que D. Arturo1 no la aguantaría. En Colón hablaré con el Ministro de Chile y en el peor de los casos haré de tripas corazón y le pediré 20 dólares prestados, si no me llegan los que pedí a Chile. Es un horror. Me gustaría mucho que D. Tulio2 conociera esta descripción que le he hecho y que es verdaderamente pálida al lado de la realidad. No por mi, naturalmente, porque cuando esta carta le llegue a Marsella, ya habré terminado el suplicio, sino por todos los pobres desgraciados chilenos que tienen la desgracia de quedarse en el extranjero sin plata. Me parece que la Compañía Italiana podría portarse de otra manera, humanizar un poco las pocilgas, arreglar la comida y cambiar el trato a la gente, aquí donde hasta los camareros que sirven en el comedor se creen con derecho a tratar mal al pasaje. Desde luego yo estoy dispuesto a escribir, ya sea directamente en un articulo o bien en un cuento toda la miseria que he visto y sufrido a bordo del Virgilio.

Van algunos chilenos, un profesor que viene de Alemania, compañero de Díaz Casanueva. Ayer en La Guaira, vinieron a verlo abordo Fuentes Vega,3 Naveas y otros amigos a quienes tuve el gusto de abrazar. Al lado de los pasajeros del Virgilio el chileno más bruto y solemne resulta simpatiquísimo. Por cierto que en La Guaira, no nos han dejado bajar, ni siquiera para comprar cigarrillos. Después de 15 días de viaje,4 habría sido agradable bajar. Pero ¡Qué diablos! es la solidaridad americana. Prefieren que baje el judío de segunda antes que el sudamericano de tercera. Tienen temor de que uno se quede, como si alguien pudiera quedarse en esas tierras del diablo. Los profesores chilenos están hasta la coronilla de Venezuela, del Gobierno y de los frailes, que no los dejan vivir. González Vera parece que se irá pronto a Chile. Rómulo Gallegos piensa también ir pronto a nuestro país.

En este barco existe el fascismo más desenfrenado. El comedor, la cantina, todo, está presidido por retratos de Mussolini. Antenoche hubo una fiesta en segunda. Un español se vistió de oficial y gritaba: ¡Viva Italia, España, Alemania, Portugal! ¡Viva el fascismo internacional!5 A Madrid podría ir a gritar eso, en vez de los moros y los legionarios. Las noticias de España que publica el periódico de a bordo son muy optimistas para ellos, pero por los profesores chilenos ha sabido de que por el contrario, la guerra está siendo favorable al Gobierno. Van aquí muchos españoles con quienes me he peleado. Aunque me había propuesto no discutir ni hablar una sola palabra, no he podido resistir cuando le contaban a la gente que en las carnicerías de Valencia vendían carne de cura a 30 céntimos la libra y que en Madrid fusilaban a los niños en masa. Son cosas que sublevan la sangre.

Estoy escribiendo mi libro sobre España. Por fortuna el profesor chileno lleva esta máquina de escribir.6 Espero tenerlo bien avanzado cuando llegue a Chile.7

He tenido la vaga esperanza de saber algo de Ud. en Colón. Pueda ser que el Ministro tenga alguna noticia. Estoy ansioso de saber si lo han dejado en Marsella o si por el contrario, insisten en castigarlo.8 Escríbame por correo aéreo a Chile, para tener noticias a mi llegada, si Ud. quiere a casa de mi hermana en Valparaíso, donde iré a mi llegada: Camino Real 1884, Recreo, o a Vicuña Mackenna 1525 en Santiago. No se le olvide que estoy dispuesto a organizar una campaña tremenda para su defensa, en el caso de que los rosses y palomos quieran meterse con Ud.
Esperamos de todo corazón, Lola y yo, que Malvita esté bien, ya en Montecarlo9 y camino del restablecimiento definitivo. Nosotros no hemos tenido mucha suerte con Policarpo.10 Primero le supuró el oído, luego le salió un furúnculo en la cabeza, después con el calor se ha llenado de zarpullidos y ahora está con diarreas. También se cayó de la cama y se hizo un cototo en la frente. A pesar de todo, el pobre no pierde su buen humor y es la verdadera sensación de la tercera clase. Todos lo adoran y lo quieren tener en brazos. Naturalmente nosotros tenemos que pedir certificado de higiene a quien lo quiera coger.

¿Qué es de la Hormiguita?11 Queremos tener noticias de ella, de lo que hace y si ha salido de España. Que nos escriba. Déle mi dirección en Chile. Y no se olvide de que, si los cabrones que nos gobiernan quisieran quitarle su puesto, podríamos vivir juntos y felices en Chile por lo menos hasta que el Frente Popular triunfe.
Un apretado abrazo de su compañero y amigo.

(Délano firma con su ancla distintiva y continúa)

Muéstrele a Maquieira la parte de esta carta que se refiere al Virgilio. Creo que él excusará las palabrotas, que son un mínimo y justo desahogo.
Saludos a Marruca. (sic)

1 Se refiere al entonces Presidente de Chile, Arturo Alessandri Palma.
2 Se refiere a Tulio Maquieira, Cónsul General de Chile en España. Por lo tanto, superior inmediato de Neruda en el escalafón diplomático. El Consulado General de Chile en España tenía, y tiene aún, su sede en Barcelona.
3 Délano se refiere al poeta Salvador Fuentes Vega que por entonces estaba en Venezuela. El escritor había conocido a Fuentes Vega en su juventud, en el año 1926, cuando se iniciaba en la poesía, género que luego abandonó. Con él y con Gerardo Seguel, habían leído sus versos en un programa de la Radio Chilena llamado "Hora de Solveig", una especie de veladas literarias periódicas que organizaba la Asociación de Profesores.
4 Luis Enrique Délano y su familia, acompañados de Neruda, salieron de Barcelona con destino a Marsella el 30 de noviembre de 1936. Esta carta está fechada el 19 de diciembre. Si Délano cuenta 15 días de viaje, podríamos deducir la fecha del embarque en el "Virgilio" en el día 4 de diciembre de ese año.
5 Después de la despedida de Luis Enrique Délano a su antigua modalidad literaria, la de los "imaginista", y de su adscripción al realismo social, la relación entre política y ficción, entre novela y sociedad, entre el escritor y su tiempo, son temas que juegan un papel visible en su vida y en su obra. En un pasaje de su novela, El Rumor de la Batalla (Editora Austral, Santiago, 1964), Délano nos hace ver la diversidad de opinión en la tripulación de un barco italiano que había salido de Marsella, y traía a cuatro chilenos que habían combatido en la Guerra Civil Española. En esa historia, el camarero del bar de a bordo se descubre ante los combatientes de las Brigadas Internacionales:
-¿Los señores son los que vienen de España, del lado republicano?
Los chilenos se miraron en silencio. Por fin el doctor Moreno afrontó la pregunta.
-Si -dijo-, exactamente.
-Ah, pues tendré un gran placer en servir a los señores... Créanmelo... No todos los italianos son como los que están en España, al lado de Franco... Y de esos, muchos no están tampoco por su gusto.
Pedro Farias lo miró sin poder disimular su interés.
-Entonces, usted... ¿no es fascista?
-No, claro que no. A veces -dijo con locuacidad un poco triste- usted podrá verme hacer el saludo fascista a los oficiales de la nave... No hay más remedio. Tengo que conservar mi empleo. Pero no soy fascista y, más aún, odio a los fascistas, como muchísimos italianos.
6 Efectivamente la carta está escrita a máquina aunque, en su parte final, hay un saludo de Lola Falcón a Neruda y su familia escrita con lápiz grafito.
7 De hecho, el prólogo de su libro 4 Meses de guerra civil en Madrid (Memorias. Editorial Panorama, Santiago, 1937.), está fechado en Altamar, el 10 de diciembre de 1936. Délano lo titula "Prólogo escrito en el mar".
8 El castigo a Neruda, al que alude Délano, en realidad persistía. El Gobierno chileno, encabezado por Arturo Alessandri Palma, simpatizaba con el bando franquista en el conflicto español. Neruda, abiertamente, se alineaba con el Gobierno republicano. El poeta, primero a través del Cónsul General, Tulio Maquieira, y luego directamente al Subsecretario de Relaciones Exteriores, (carta del 16 de diciembre de 1936) pidió un puesto consular en Marsella o en alguna ciudad cercana a España. El Subsecretario le ofreció, como única alternativa; la repatriación a Chile, naturalmente en la tercera clase de un barco italiano, como el que viajaba Délano. La carta respuesta del Subsecretario, (23 de diciembre de 1936) alude a "circunstancias muy poderosas" que impedían una nueva designación:
"Ya el Cónsul General, señor Maquieira, me había escrito en el mismo sentido en que lo hace usted y, desgraciadamente, no me fue posible acceder a su pedido. Nuevamente, lamento no poder satisfacer este deseo suyo y créame, mi amigo, que, si circunstancias muy poderosas no me lo impidiesen, ya habría usted recibido la designación que desea".
"En estas circunstancias, he creído que lo más acertado sería dar los pasos necesarios para que usted regresase a Chile y, en atención a que la ley no permite que el fisco cancele los gastos de movilización de los cónsules de elección y honorarios, no me ha quedado otro camino que ordenar su repatriación."

Más adelante, después de la conferencia pronunciada por Neruda en París (20 de enero de 1937) explicando el por qué de su cambio en la poesía y el asesinato de su amigo, Federico García Lorca en España y luego del verdadero protagonismo adquirido entre los intelectuales, el Gobierno chileno ofreció repatriarlo en las condiciones que él quisiera. Traslado que el poeta no aceptó. Por esos días Neruda ya trabajaba en la organización del Congreso de Intelectuales Antifascistas que se celebraría en Barcelona, Valencia y Madrid.
9 María Antonieta Hagenaar (Maruca) y su hija, Malva Marina, por esos días ya se encontraban en Montecarlo residiendo en el departamento de unos amigos holandeses, los Van Tricht. Neruda las había acompañado en el viaje el día 8 de diciembre y se había vuelto a Marsella al día siguiente. El matrimonio estaba definitivamente roto. A los pocos meses Maruca y su hija se trasladaron a La Haya. Esa sería la última vez que Neruda vería a su hija, quien murió en Holanda el 2 de marzo de 1943.
10 Policarpo, Poli Délano, nació en Madrid, el 22 de abril de ese mismo año, por lo tanto en esos días tenía sólo ocho meses de edad.
11 Delia del Carril, la "Hormiguita", estaba aún en Barcelona. Neruda, en una carta escrita el 10 de diciembre de 1936, le dice: "Estoy en un hotel muy viejo junto al viejo puerto. Miro cada mañana los veleros. Qué bien estaríamos juntos, pero creo que es mejor aguantarse un tiempo más. Luego de reunirse en Marsella, en los primeros días del mes de enero del año 1937, Neruda y Delia del Carril se trasladan a París. Su primer domicilio en esa ciudad fue el Nº 7 de la Rue Belloni, la casa del pintor chileno Luis Vargas Rosas.

lunes, 8 de febrero de 2016

Fernando Cuadra y el Teatro Experimental

En el verano de 1941 se fundó en Santiago el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, movimiento artístico que sirvió de ejemplo a muchas iniciativas similares en Chile y en América Latina. Los fundadores, estudiantes de Filosofía, Pedagogía, Leyes y Bellas Artes, mataban la sed y el hambre en el Café Iris, donde, tertulia tras tertulia acabaron por echar las bases del nuevo Teatro, que con el correr del tiempo se convertiría en el Instituto del Teatro de la Universidad de Chile. Entre los fundadores encontramos nombres como el de Roberto Parada, María Maluenda, María Cánepa, Chela Álvarez, Bélgica Castro, Pedro Orthous, Jorge Lillo y Rubén Sotoconil. Pedro de la Barra fue su primer director, elegido de una terna en la que además figuraban Héctor del Campo y José Ricardo Morales. También entre los fundadores del Teatro Experimental, además del dramaturgo y luego profesor José Ricardo Morales, pasajero del mítico “Winnipeg”, figuraban otros republicanos españoles exiliados en Chile; como asesor literario estaba el profesor de castellano y brillante conocedor de la literatura española del Siglo de Oro, Abelardo Clariana y Santiago del Campo, como maestro de ceremonias. Nos resulta entrañable señalar que los primeros ensayos de los jóvenes del Teatro Experimental se realizaron en el local de la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, que había fundado Pablo Neruda en 1937.
El estreno de la compañía fue la mañana del 22 de junio de 1941, en el teatro "Imperio". El primer programa incluía “La guarda cuidadosa”, de Miguel de Cervantes, dirigida por Pedro de la Barra y “Ligazón”, de Ramón del Valle‑Inclán, dirigida por José Ricardo Morales. Señalar que en la obra dirigida por Morales actuaban entre otros, María Maluenda y el mismo Pedro de la Barra.
El Teatro Experimental buscó las raíces en la corriente española de los teatros universitarios, iniciada por Federico García Lorca con su mítica compañía de teatro La Barraca. Los jóvenes universitarios chilenos rescatan y reactualizan el teatro clásico español, lo revitalizan, lo hacen vivir ante públicos muy diversos. Esa experiencia la recogen también del teatro El Búho, de la Universidad de Valencia, en la que participaron Max Aub y José Ricardo Morales.
Al comienzo de la década del '50, el Teatro Experimental se había consolidado y ya poseía un inmenso prestigio, sin embargo, nunca habían actuado fuera de la capital. El estreno en provincia tuvo lugar en Rancagua, el miércoles 1º de octubre de 1952. Enmarcado en las actividades “octubrinas” (Aniversario de la defensa de la ciudad por O'Higgins), en el Teatro Apolo se estrenó “Las murallas de Jericó”, obra de Fernando Cuadra, un dramaturgo nacido en Rancagua y que por esa fecha aun no cumplía los veinticinco años.
Por esos años, uno de los medios escritos más leídos en el país era el semanario Vistazo, dirigido por el periodista y escritor Luis Enrique Délano. En la nómina de la revista figuraban nombres señeros del periodismo, como Ricardo García, luego convertido en el primer disc-jockey chileno y creador del festival de Viña del Mar; José Miguel Varas, futuro Premio Nacional de Literatura; Tito Mund, una leyenda del periodismo.
Hablamos de Vistazo porque esta revista consigna en sus páginas una extensa nota dando cuenta del estreno de la obra de Fernando Cuadra por el Teatro Experimental. Señala en su edición del 7 de octubre de dicho año, que la presentación constituyó un evento único en la historia artística de Rancagua y dan cuanta de las entrevistas a diferentes personalidades de la ciudad que asistieron al Teatro: “El primero en contestar a nuestras preguntas fue el propio Fernando Cuadra, en los momentos en que aun no salía de la emoción que le produjo la tremenda y clamorosa ovación que el público le tributó de pie, al finalizar la interpretación de su obra.
-¿Cómo se siente, Fernando, para una declaración rápida para Vistazo?
-Emocionadísimo, como ustedes pueden verlo y orgulloso por la magnífica y real interpretación que el Teatro Experimental ha hecho de mi obra. En este momento siento como nunca el orgullo de haber nacido en Rancagua, pues esta noche he comprobado la alta cultura de este pueblo al que he ligado mi existencia artística y al que agradezco profundamente la demostración de cariño que me dio durante el desarrollo de esta obra que dedico con todo amor a mi ciudad natal.
Y después ya no podemos seguir hablando con el joven dramaturgo, pues el público lo rodea para abrazarlo y estimularlo en su carrera artística.”
Entre los asistentes; dos escritores, Nicomedes Guzmán y González Labbé, quienes expresaron su fascinación por la brillantez de la obra y su representación. González Labbé, por su parte, añadía un agradecimientos: “En Rancagua tenemos que agradecer tanto a Fernando Cuadra como al conjunto del Experimental por la espléndida presentación de esta obra, que ha sido recibida con verdadera emoción y que el público entendió muy bien, a pesar de lo difícil del libreto. Feliz Miranda, presidente del grupo intelectual “Los Inútiles”, expresó: -Muy buena, magnífica. María Maluenda, la mejor, Parada y en general todos, muy bien. La escenografía esplendida.”
Sin duda, Fernando Cuadra era el más ovacionado de la noche, sin embargo, ahí estaba Rubén Sotoconil y también el director del Teatro Experimental, Jorge Lillo: “Sotoconil nos dice que el autor es una esperanza para Chile, un ejemplo de hombre creador. Será un gran dramaturgo del pueblo, remató. Jorge Lillo nos manifiesta con emoción que la obra quedará grabada en la historia artística de Chile. Fernando Cuadra es un dramaturgo joven, que llegará muy lejos.
A la semana siguiente, la revista anunciaba el estreno de la obra de Cuadra en el Teatro Municipal de Santiago. Ese año de 1952, el eatro Experimental estreno cuatro autores: George Bernard Shaw, Lope de Vega, Daniel Barros Grez y Fernando Cuadra.