domingo, 24 de julio de 2011

Cosas que suceden en Chile y a muchos no le inquietan


Leyendo la prensa en la red, me encuentro con un hecho alarmante. Denuncian los estudiantes de Concepción que el pasado día 21 de julio, Carabineros detuvo al estudiante Recaredo Gálvez Carrasco, de 21 años. Este joven es Secretario General de la Federación de Estudiantes de las Universidad de Concepción, estudiante de Ciencias Políticas y Administrativas de la misma Casa de Estudios. Según la denuncia, Carabineros golpeó salvajemente al dirigente hasta dejarlo inconsciente. Luego, lo entregaron malherido al Juzgado de Garantía de Concepción y lo acusaron, para tapar estos hechos y como un burdo montaje, de homicidio frustrado a personal de Carabineros.

Según los estudiantes, ese día se manifestaron en apoyo a los pobladores damnificados de Dichato, que están pasado su segundo invierno en condiciones precarias. Cuando volvieron al Campus Universitario, los Carabineros estaba ya dentro esperándolos. Reprimieron a los estudiantes desde dentro del referido Campus, con bombas lacrimógenas, balines, piedras, gases, agua contaminada con elementos alérgicos y lumazos. Fue ahí donde detuvieron a Recaredo Gálvez, quien hoy está detenido en prisión preventiva en la cárcel El Manzano. La Fiscalía y el Poder Judicial esperan que al menos lo esté por tres meses y he leído en algunos medios que arriesga veinte años de cárcel. O sea, aún no se comprueba la acusación, en la que todo hace ver que es resultado de un burdo montaje y ya le esperan tres meses de cárcel; aún no hay un juicio en el que se presenten pruebas, y ya se habla de veinte años de cárcel. Creo que vamos demasiado rápido. La razón y la verdad es, a veces, muy difícil de dilucidar. Pero, en vista de los acontecimientos, creo que no hay que ser muy inteligente para hacerse una idea de lo que pasó. Prueba de ello es que, en la página de los estudiantes, en dos días, ya hay 37 organizaciones, entre centros de alumnos y federaciones de estudiantes secundarios y universitarios, de norte a sur del país, sindicatos de trabajadores, asociaciones de funcionarios del estado, colegios de profesores, grupos feministas, que dan su apoyo al estudiante detenido.

Después de ver en un programa de TV las filtraciones y manipulaciones que hace carabineros en las manifestaciones reivindicativas; después de ver en otro programa de TV cómo en dos semanas unos simples periodistas tenían identificados a los vándalos que van a las manifestaciones sólo a robar y a causar destrozos, y no así carabineros, que cuenta con toda la infraestructura para ello, incluso la de intervenir teléfonos. Después de eso, no me extraña que los estudiantes acusen de montaje la detención de uno de sus dirigentes máximos.

Y con todo esto, qué logra el Gobierno? Logra desviar el tema. Se seguirá hablando de vandalismo, de atentados y no del meollo del asunto, que son las reivindicaciones de los estudiantes apoyados por una gran parte de la población. Ahora, si se descubre que se trata de un montaje, logrará unir aún más a los estudiantes y a la población en sus anhelos de cambio de estructuras.

Desde la cárcel donde está recluido, el estudiante Recaredo Gálvez Carrasco ha hecho una declaración, dando su versión de los hechos. Creo que es necesario conocerla. Veamos parte de lo que dice:

Fui detenido luego de la marcha y duramente golpeado al interior del bus de carabineros, hasta perder la conciencia. Desperté, sentado y esposado y con burlas en mis oídos. No supe el motivo de mi detención, sino en la Comisaría, varias horas después.

Cuando estuve en el Hospital, el médico de guarda increpó a Carabineros por la gravedad de los golpes sufridos en mi cabeza. Él ordenó que se me hiciera escáner y toma de rayos X, todo ello esposado, por orden de los uniformados y acompañado por un subteniente de Carabineros. (Las esposas eran de propiedad suya). La preocupación de Carabineros se hizo evidente y trataron de sacarme rápidamente del Hospital. Un carabinero volvió acompañado de un médico distinto, sin identificación, quien se burló de la lucha estudiantil y dijo que lo mío no era nada y me recetó unos anti inflamatorios. Carabineros intentó que firmara una declaración del motivo de mi detención que se me indicó después de horas y en ese momento se me dijo que por atentado contra carabineros. No supe el resultado de mis exámenes.

Maltrecho como estaba se me hizo esperar largamente en la Comisaría y recién se me leyeron mis derechos. Se me preguntó recién de qué color era mi ropa, mientras un Carabinero iba diciendo las respuestas por teléfono y se me presionó para que declarara que usaba una capucha negra. Curiosamente en la posterior declaración del oficial que dice ser objeto de agresión por mi parte, dice textualmente lo que el Carabinero hablaba por teléfono en dicha ocasión.

Se indica además, detalladamente, que lancé al oficial una bomba Molotov, lo que es enteramente falso, pues jamás lancé tal objeto. En mi mochila “aparecieron” dos botellas de néctar, pero que no contienen restos de nada. En mi mochila no encontraron nada, porque no había nada. En mis manos no hay restos de sustancias incendiarias, porque jamás transporté ni lancé nada.

Si Carabineros mintió en un comienzo, ¿qué puedo esperar para el futuro de mi juicio?

Cómo no pensar que Carabineros decidió todo esto, es decir, mi caso, sobre la base de mis responsabilidades como dirigente universitario. Cómo no pensar en un ataque a los dirigentes identificados por ellos como los más entregados en pos del movimiento estudiantil. Cómo explicar la brutal golpiza a la que fui sometido y la sucia mentira que han organizado.

Lo que han hecho no es más que una forma burda de ocultar la desmedida fuerza represiva que está utilizando Carabineros, respaldados por el Gobierno, en contra de todo el Pueblo de Chile. Y en este camino de la vergüenza policial han decidido que soy responsable de homicidio frustrado. La falta de pruebas en mi contra les caerá como una piedra en sus caras y la justicia les dará el castigo que merecen por mentir y tenerme preso.

La jueza, por su parte, decidió que debo estar en prisión por ser un peligro para la sociedad. Parece que hoy es ser un ser humano peligroso ser capaz de defender causas justas mediante la organización colectiva y transparente. Es un peligro para esta sociedad opresora que nosotros abramos los ojos y seamos capaces de para la Educación, las poblaciones, los centros de trabajo. Parece que siempre será un peligro que los estudiantes develemos nuestra injusta y mala educación y luchemos por su cambio, que los trabajadores detengan sus trabajos por sueldos dignos y trato justo; que los pobladores se cansen de las migajas, injusticias y exijan una vivienda digna. Es un peligro para esta sociedad opresora que la educación, el trabajo, la salud, y la vivienda sean dignas y para todos. Es peligroso para la sociedad organizada por unos pocos que muchos pretenden crean un mundo nuevo.

Desde niño aprendí que es peligroso decir siempre lo que pienso y es más peligroso aún motivas a otros para que también lo hagan. Aprendí que para triunfar lo mejor es demostrar claramente lo insuficiente de este mundo opresor, ganando mediante el debate y la democracia directa.

Hoy, el sistema me demuestra una vez más lo peligroso que soy y lo hace de forma más violenta, con golpes, mentiras y cárcel, privándome de la gente y del Pueblo que me da fuerzas.

Pero no estoy inquieto ni tengo temor porque sé que soy solo uno más, sé que fuera de estos barrotes hay cientos mejores que yo, así como algunos acá adentro.

Sé que hoy mi nombre ha pretendido ser embarrado, pero las ideas que me hacen hombre libre no se alejarán de mi convicción cada vez más grande de luchar por un mundo mejor.

domingo, 12 de junio de 2011

Cero Tolerancia


A veces aparecen personajes jóvenes en el horizonte social y político chileno que nos hacen tener fe en el futuro. Tal es el caso de Natividad Llanquileo, vocera de los comuneros mapuches y Camila Vallejo, Presidenta de la Federación de Estudiantes de Chile.

Natividad inspira fuerza, justicia, honestidad e inteligencia y, al contrario de tanta señorita moderna, carece de estridencia y de afán de protagonismo. Camila es energía pura, coherencia y rapidez mental. Y ambas, como si esto fuera poco, dos muchachas muy bellas.

Hace unos días anunciaban la participación de Camila Vallejo en el programa de TV Tolerancia Cero. Me dieron ganas de ver el programa sólo por escuchar a Camila, después desistí por que me temí lo que sucedió. Y tuve razón en no verlo, me evite el mal rato. Los panelistas de Tolerancia Cero otra vez no estuvieron a la altura de su invitada. El periodista Alejandro Kirk hace un comentario sin desperdicio del mentado programa y este sirve para conocer y desenmascarar a nuestros gurus televisivo.

Denuncia Alejandro Kira que Villegas, Del Río, Eicholz y Paulsen intentaron pulverizar a la Presidenta de la Fech en su programa del 5 de junio. Pero… veamos su comentario:

En ese tonito desdeñoso y paternalista con que se suele hablar en Chile a los niños, a los viejos y a las mujeres, los mosqueteros de la opinión pretendieron dar lecciones elementales a Vallejo, permitiendo así que ella demostrara por qué encabeza la principal organización estudiantil de Chile, y por qué miles de estudiantes la escuchan.
Y qué distinto el tratamiento a Vallejo, del que dispensaron estos cuatro señores hace dos semanas a la vocera oficial, Ena von Baer. A la Ministra, que demostró más allá de toda duda que no conoce ni las cifras, ni la historia, ni al pueblo que gobierna, a ella que cuando le preguntaron por algún error del Gobierno dijo “siempre se pueden hacer mejor las cosas”, a ella que mencionó varias veces la “ciencia política” sin acordarse de un sólo autor, a ella, que era fácil de pulverizar, le perdonaron la vida una y otra vez. Se inclinaron ante el poder y el dinero, matices más, matices menos.
Eicholz y Villegas se permitieron este domingo afirmar que el sistema educacional chileno es todo un éxito porque está lleno de estudiantes. Que la educación es un derecho siempre que se pague, porque es un producto igual que los alimentos y el transporte. Que el lucro, aunque ilegal, es legítimo. Y de nuevo recurrieron a la ignorancia o la mala leche -común en la derecha y el “centroizquierda”- de equiparar los salarios con el lucro: según ellos lucran los empleados, obreros y profesores de las universidades, así como lucran los temporeros del campo, los obreros de las fábricas o los choferes del transporte.
El lucro es la “ganancia o provecho que se saca de algo”, dice el diccionario de la RAE. En economía, son las utilidades de quien produce algún bien que se vende en el mercado, y que provienen de la diferencia entre los costos y el precio final del producto. Esta diferencia no es otra que la que existe entre el rendimiento del trabajador (productividad), y su salario. El concepto se llama plusvalía, lo definió Karl Marx, y muerto -por ahora- el fantasma del comunismo, es comúnmente aceptado en el mundo entero. Por tanto, un trabajador no lucra, un trabajador vende su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Quien lucra es el que compra esa fuerza de trabajo y la hace producir.
Lo que dijo Camila Vallejo es simple y diáfano: las utilidades de los establecimientos no deben ir a engrosar fortunas, sino a mejorar el sistema educacional. Utilidades que, como lo prueba un reciente estudio del CENDA, provienen principalmente de los fondos con que el Estado subsidia el sistema de créditos, porque la educación no produce hoy otra mercancía que fuerza de trabajo asalariada. Y el estudio del CENDA prueba además que en Chile prácticamente no existen universidades privadas, sino centros de docencia, con cero investigación y muy pocos profesores a jornada completa; que salvo cinco universidades, las demás no publican “papers” en revistas científicas y académicas. Y todo eso lo sabe Camila Vallejo, porque ese estudio fue encargado al CENDA por la propia FECh, que así sale a la calle y negocia con pleno conocimiento de causa.
Nadie, ni siquiera Vallejo, defendió abiertamente la idea de una educación pública y gratuita para todos. Tal es la magnitud de la victoria ideológica del neoliberalismo en Chile. Villegas intentó una y otra vez descalificar a Vallejo con la palabra “ideología”, como si sus argumentos (los de él) fueran cosas, objetos materiales. Y más aun, agregaba con un tono escandalizado que se trataba de “ideología de los años 60″, o sea, la época en que la educación chilena mostró los mayores avances de su historia, producto precisamente de la rebelión estudiantil y del magisterio.
Fue a fines de los años 60 que se hizo la gran reforma universitaria, que rompió el molde medieval de las universidades chilenas. Pero el sistema actual ya no es siquiera medieval -a fin de cuentas, las universidades medievales tenían una suprema y elitista dignidad- sino un mercado persa donde se venden a precio de oro conocimientos prácticos para tratar de sobrevivir.
Nadie, ni siquiera Vallejo, se acordó de Finlandia, el país que encabeza todos los parámetros educativos del planeta, con un sistema de educación inclusiva, igualitaria, pública y gratuita. Un sistema donde no hay exámenes en los primeros 12 años, ni a profesores ni a estudiantes. Un sistema en que los profesores gozan de estabilidad laboral y prestigio social (cuesta más estudiar Pedagogía que Medicina o derecho). Un sistema en que el primer examen para los postulantes a profesores es leer y explicar un libro. Y el segundo y el tercero también.
Si Camila Vallejo hubiese mencionado esto, seguro la hubieran descalificado con eso de que “son realidades distintas, no se pueden copiar modelos” ¿No? ¿Y qué se hizo en Chile? Se impuso un modelo a sangre y fuego, un modelo inventado en Chicago, extremista y cruel. Si se puede copiar ese tipo de modelo y destruir todo el tejido social de un país, junto al saqueo de sus riquezas, debe ser más fácil imitar uno constructivo, que cohesiona a la sociedad y protege el ambiente. Para hacerlo, en primer lugar, no hay que matar a nadie. Y segundo, no es una utopía, porque existe y funciona en un país que hace 50 años tenía el mismo PIB per cápita que Chile. Finlandia ocupa hoy el primer lugar mundial en competitividad; no vende, ni menos regala, como Chile, recursos naturales, sino tecnología. Y no es socialista.

lunes, 4 de abril de 2011

Cierro los ojos


Félix Ignacio Gálvez Cerpa

Mi padre

Cierro los ojos muy fuerte y busco con ansia la oscuridad completa. No lo logro. Lo intento apretando las palmas de las manos contra los párpados, pero es inútil. Siempre vuela alguna luz o alguna estrella luminosa entre los ojos y los párpados, siempre aparece algún brillo violeta que parpadea y no cesa.

Busco la oscuridad completa para imaginar qué podría ver mi padre encerrado en una urna de madera que se oculta bajo tierra. ¿Será que él también puede ver luces y estrellas luminosas en su viaje a través del túnel que describen algunos? ¿Ya habrá desembocado en el cielo?, aquel que nos enseñaron cuando niños y en el que todos son felices y están a la diestra de Dios. Cómo me gustaría ahora creer en ese cielo y en ese Dios. Sería un consuelo para no seguir pensando que ya no está mi padre conmigo, o mejor dicho, nuestro padre con nosotros. Sería un consuelo saber que está en un mundo mejor después de una vida de trabajo y de tres meses de agonía.

Mi padre, Félix Ignacio Gálvez Cerpa, hijo de Zócimo y de Eloisa, nació en Tinguiriríca, uno de los tantos destinos de mi abuelo, calderero y mantenedor de la maquinaria del campo. Vivió su niñez en la calle Dolores, en pleno barrio Pila. Aprendió el oficio de tapicero, con el cual se gano el sustento toda su vida. En ese oficio, aprendido de antiguos maestros españoles y de Moisés Machiavello, llegó a ser uno de los mejores. Mi padre contaba con orgullo que le había tapizado muebles a una descendiente de Arturo Prat, al escritor Benjamín Subercaseux, entre tantos otros, o que había trabajado con los hermanos Marcelo y Horacio Montero, verdaderos personajes de un Chile ya olvidado, o con Miguel Teitelboim, quién fue dueño de un taller de muebles.

Mi padre fue muy aficionado a la música, sobre todo al tango. Él y sus hermanas, Rebeca e Isabel, cantaban muy bien. Rebeca Gálvez cantó de forma profesional durante muchos años con el seudónimo de Dolores Santelmo. Esta tía mía fue uno de los orgullos de mi padre.

Se casó y tuvo ocho hijos. Soy el mayor de ellos y, según dicen los familiares, el que más se le parece. Yo también lo creo. Tengo muchas herencias suyas, buenas y malas. Los genes que nos trasmiten los padres no podemos disociarlos ni seleccionarlos. Tampoco lo pueden hacer nuestros hijos, que cargan con rencores y amores y con toda la herencia de nuestra naturaleza.

Me veo en él cuando disfruto de la música o cuando me conmueve un poema, cuando me emociona una película o cuando me disgusta alguna injusticia. Quizá la herencia más marcada que me dejó es el afecto por la literatura. No recuerdo que algún día escribiera una línea, pero era un consumado contador de historias, siempre inventadas por él y, muchas veces, las iba inventando a medida que continuaba el relato. Ahora pienso que fue un adelantado a lo que ahora llaman cuentacuentos o “literatura oral”.

Cierro los ojos muy fuerte y busco la oscuridad completa. No lo logro. Sólo logro ver la figura de mi padre. Lo veo alegre, sano, joven. Lo veo hablando y riendo con sus amigos, esos de tantos años y que también se fueron. Lo veo con el Lulo, con el Chico Mario, con Cañitas y Juanito el Zurdo; lo veo hablar con su compadre Machiavello; discute de política con el compadre Zambrano, con Don Martín y Gerardo; habla de fútbol con el Teo, con el Guatón Sergio y el Bustos. Lo veo martillando al terminar la tarde, silbando un tango, o escuchando a Charlo, a Fiore o al Polaco. Me remonto en el tiempo y veo a mi padre con sus sobrinos, Salvador y Manuel Jerez Gálvez, van en una antigua camioneta Ford a repartir carne por Maipú, Peñaflor o Malloco. Llevan prisa porque por la noche, en El Rosedal, van a oír cantar a Dolores Santelmo.

Cuando camino por las calles y veo un hombre mayor pienso en mi padre. Imagino que todos los que han perdido al padre piensan lo mismo, ¿por qué él y no este señor, que parece tener la misma edad? Entonces cierro los ojos y lo veo. Lo veo caminando por la calle, con paso seguro y con prisa. Lo veo llegando a casa, en la calle Marinero Pedro Aros, viene acompañado del Chéfalo, -mi guardaespaldas, -decía mi padre. Lo veo en la calle San Ignacio saliendo de la industria, con su infaltable bolso que se fabricaba él mismo. Lo veo aparecer por Paseo Gronhert para llegar a su casa en la población Villa Sur. Recuerdo algún día sábado en que lo acompañaba a hacer alguna compra al centro de la ciudad, cuando luego, después de los deberes, pasábamos a alguna fuente de soda de la calle Bandera a comer un completo o un sándwich acompañado de algún refresco. Ese bocado me sabía a gloria, como el té en choquero y un pan con queso que comíamos por la tarde cuando trabajé con él en la fábrica.

Sería un inmenso sofisma decir que mi padre murió de muerte natural o por causa de alguna incurable enfermedad. También sería un engaño y un oprobio a mi padre no declarar la verdad. Además, ante tanta desidia, no quiero ni puedo cerrar los ojos. En estricto rigor debo decir que a mi padre lo mataron en la UTI y en la sala de “Agudos” del Hospital Barros Luco – Trudeau. A mediados del año pasado le detectaron un incipiente cáncer de colon. Fue el detonante de su tortura. El doctor Ernesto Schultz Fernández, médico cirujano del Hospital Barros Luco – Trudeau lo convenció de que tenía que someterse a una intervención, -si no, la caca le saldrá por la boca, -le dijo. En tono más conciliador, agregó: -Es una operación muy simple, con no más de once días de hospital.

Era el mismo médico que dos semanas antes había convencido a mi padre de que no debía operarse. –Yo, a su edad, no me operaría, -le había dicho, -además, este cáncer se desarrollará como poco en dos años más. No sería aventurado decir, por su comportamiento, que ese médico es un lunático o un bipolar. A mi padre lo operó el doctor Schultz, el mismo que en una página de información médica publicada en la Red, dice y avala que: “Del análisis multivariable se determina que sólo la contaminación con deposiciones tiene valor como factor predictivo que sea dependiente de la técnica quirúrgica; el resto de las variables están relacionadas con comorbilidad del paciente y tipo de resecciones a desarrollar.”

Este cirujano, que en otra página de la Red dice que el índice de mortalidad en una operación como esta es del 1.1%, el mismo que analiza rigurosamente las multivariables, falló precisamente en esa, en la contaminación. Falló en su técnica quirúrgica. La unión de los intestinos quedó drenando, se le declaró una septisemia y a mi padre lo intervinieron dos veces más para hacerle un aseo quirúrgico de urgencia, evidentemente por otro equipo de cirujanos, mientras el doctor Schultz, urgentemente, se iba de vacaciones. Los once días de hospital se convirtieron en tres meses de calvario. Quizá todas estas estadísticas y porcentajes sólo sirvan para las clínicas privadas, donde también atiende el doctor Schultz.

Después de la intervención lo internaron en la UTI. Ahí prosiguió el sufrimiento. En ese lugar se contagió de otras enfermedades, entre ellas de neumonía. Se le complicó la respiración a causa de ello y, para ahorrarse el trabajo de aspirarle las flemas y la complejidad de la ventilación a causa de su nuevo estado, le hicieron una traqueotomía. En esa unidad se le complicaron los riñones y se le debilitó el corazón. Una de las tantas veces que lograron rescatarlo de una neumonía, lo enviaron a la sala de Agudos. Ahí fue aún peor. En la hora de visita diaria, mis hermanas lo encontraron varias veces mojado, sucio con sus propias deposiciones, con dificultades para respirar sin que nadie lo atendiera. Ante las quejas, comenzaron las brillantes explicaciones médicas. –Es que su padre está pagando su afición al cigarrillo, -dijo uno. Mi padre no fumó jamás en toda su vida. –Es que es un paciente de edad avanzada, -dijo otro. Es verdad, mi padre tenía 85 años, pero, independiente del asomo de cáncer de colon, tenía todos sus órganos en perfecto estado y, además, tenía un antecedente genético, mi abuela, su madre, murió con 106 años y era la persona más lúcida y sana que he conocido. Por otra parte, lo que no entendía el médico, y es su especialidad, es que mi padre no podía sanar si no le limpiaban sus meados y sus deposiciones. Cosas de médicos.

La última batalla fue aún más desastrosa. Quisieron hacerle una nueva operación para alimentarlo a través de un tubo conectado al estómago y así poder enviarlo a casa. Otra vez los médicos intentaban ahorrarse trabajo y responsabilidades. Nos negamos a ello. Mi padre entró al hospital caminando, con todos sus órganos en buen estado. El día que se internó, se levantó temprano, se duchó y preparó su desayuno. Eso no hubiese sido posible si hubiese sido un anciano inútil, como nos pretendían hacer creer los médicos. Ahora estaba postrado, respirando apenas, sin poder moverse, sin poder comer y sin poder hablar.

Mi padre murió el 23 de marzo de 2011. Nos avisaron del hospital media hora después que hubiésemos abandonado la sala de Agudos por fin de la hora de visita, una hora después de que nos informaran que sus constantes estaban bien. Volvimos al hospital. Esta vez ya no había restricciones para entrar a verlo. El médico que nos atendió nos dio su informe. Había fallecido por una falla pulmonar. Le hice saber que las neumonías las había cogido en el hospital, que su muerte era por infecciones intrahospitalarias. Con una mirada desafiante, simplemente me respondió: -Si.

Mientras mi padre yacía muerto en su cama de hospital, pudimos entrar varias veces a la sala. Esta vez el asombro tuvo tintes de horror. Nos dimos cuenta cómo tratan a los enfermos en las horas que no están sus familiares. Un paciente pedía agua, vi una enfermera intentando, de cierta distancia, acertar en la boca del paciente con un chorrito de agua que le lanzaba con una jeringa. Escuché a otra insultar a gritos a un enfermo que se quejaba de dolor. Presenciamos situaciones que denigran la condición humana. Esas personas, contratadas para cuidar enfermos, pagadas con el dinero de nuestros impuestos, pensarían que los pacientes, aunque fueran de edad avanzada, piensan, sienten, aman, sufren, tienen dignidad y tienen familia. Eso sucedía en la sala de Agudos del Hospital Barros Luco – Trudeau, el día 23 de marzo de 2011, la tarde en que murió mi padre. Me pregunto, ¿Cuántas veces harían lo mismo con él? Me desespera la respuesta.

Me agradaría que el cirujano que lo operó, que los jefes de servicios de las salas de Agudo y de la UTI tuvieran un poco de ética y dignidad, aunque fuera de esa falsa dignidad y altanería con que se dirigen a los familiares de los pacientes. Me gustaría que se explicaran, que me contradijeran. Es más, aceptaría gustoso que se querellaran judicialmente por este testimonio. Así tendría la oportunidad de documentar y explicar esto ante un juez. Pero se que no lo harán, precisamente por falta de dignidad y de ética.

Cierro los ojos con ira e impotencia y quisiera ver postrados en una cama de hospital público a todos aquellos que trabajan en él. Quisiera verlos recibiendo la misma atención que ellos proporcionan a los enfermos. Pero es inútil, los médicos y los enfermeros no acuden a la salud pública. Sin embargo, quisiera darles un simple recado a los poderes políticos y fácticos de este país:

Señores de la TV: no hagan reportajes para demostrar que cualquiera con un delantal blanco puede entrar a los recintos hospitalarios. Háganlo para mostrar cómo tratan a los enfermos en la sala Agudos del Hospital Barros Luco – Trudeau. Pregunten por qué en esas salas, en las que se pretende tratar a los enfermos graves, se concentra el máximo de virus e infecciones de todo el hospital. Pregunten cuál es el índice de mortalidad en esa repartición. Pregunten quién controla a los/as enfermeras en el trato a los pacientes.

Señor Jaime Mañalich, Ministro de Salud: A veces pienso que, igual como no reparan las carreteras para obligar al usuario a usar las autopistas concesionadas, del mismo modo no se mejora la salud pública, para obligar al usuario a recurrir a la medicina privada. Señor Ministro, el caso de mi padre está denunciado por escrito en la dirección de todas las reparticiones correspondientes, incluso en una página de denuncias de Internet hay una queja firmada por mi hermana. Aunque todos nos encontraron la razón, nadie hizo nada. Una vez lo escuché decir que hay que denunciar lo que no funciona. Señor Ministro, creo que lo suyo fueron palabras la viento. La evidencia me hace creer que usted ignora que los médicos de ese hospital incumplen el más mínimo deber para con el paciente, que es el de informar de su estado a los familiares. Usted ignora, señor Ministro, que a los pacientes les roban todas sus pertenencias, las mismas que en un listado solicitan los enfermeros para ellos. Enseres y complementos que deberían estar en el stock del hospital. Sabe usted, señor Ministro, que la sala de Agudos del Hospital Barros Luco – Trudeau es atendida sólo por estudiantes de medicina. Creo que usted ignora muchas cosas, señor Ministro, y si las conoce y calla, peor es su culpa. Ignorarlas ya es una falta, conocerlas y callarlas, agrava la falta.

Señor Presidente Sebastián Piñera: Usted hizo promesas electorales. Entre ellas solucionar el problema de la deficiente atención en la salud pública. Lo vi y lo escuché en un debate televisado. Mi padre murió porque usted aún no cumple sus promesas y mientras más tarde en cumplirlas, otras personas morirán por su tardanza. Es cierto que para mi padre usted no era el candidato de su elección, pero, en reiterada ocasiones, usted ha dicho que es el presidente de todos los chilenos. Por favor, señor presidente: demuéstrelo.

Espero que algún mensajero sensible, anónimo o público, pueda dar este recado a sus destinatarios.

Cierro los ojos muy fuerte y veo lo que no quería ver. Veo a mi padre muerto. Es muy desgarrador tener que verlo así. Como cualquier ser humano, tenía que morir. Podía haber muerto varios años atrás, de cualquier enfermedad o accidente, son cosas que pasan todos los días. Es verdad que llegó a una edad avanzada. Es verdad que no todas las personas llegan a conocer a sus nietos y biznietos, como sucedió con mi padre. Es verdad que le descubrieron una enfermedad grave y mortal si no se atiende a tiempo, pero no murió por esa enfermedad. Murió por la desidia de seres inhumanos, indolentes y negligentes. Murió después de tres meses de tortura en la sala de un hospital público.

domingo, 27 de febrero de 2011

Gonzalo Rojas


Carbón

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir

mi Lebú en dos mitades de fragancia, lo escucho,

lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,

cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento

como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.

Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor

a caballo mojado. Es Juan Antonio

Rojas sobre un caballo atravesando un río.

No hay novedad. La noche torrencial se derrumba

como mina inundada, y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,

dame esa luz, yo quiero recibirlo

antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino

para que se reponga, y me estreche en un beso,

y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene

embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso

contra la explotación, muerto de hambre, allí viene

debajo de su poncho de Castilla.

Ah, minero inmortal, ésta es tu casa

de roble, que tú mismo construiste. Adelante:

te he venido a esperar, yo soy el séptimo

de tus hijos. No importa

que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,

que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,

porque tú y ella estáis multiplicados. No

importa que la noche nos haya sido negra

por igual a los dos.

-Pasa, no estés ahí

mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Centenario de Miguel Hernández

Ecos de las actividades en Chile.
http://www.youtube.com/watch?v=QCVtPnJdowo
www.youtube.com
Julio Gálvez Barraza (Chile) Escritor chileno que residió en Castelldefels entre 1973 y 1995. En 1998 obtuvo el primer premio en el concurso internacional "Neruda: el ser americano", convocado por la Fundación Pablo Neruda. El 2003 publicó el libro Neruda y España (Ril Editores, Santiago, 2003).

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Luis Enrique Délano. Sobre todo Madrid


A Poli Délano

Se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que Luis Enrique Délano era feliz en Madrid, donde trabajaba e incluso cantaba, (A las dos de la madrugada, en otra taberna, la de la Palma, donde todos cantamos, aunque parezca mentira Délano cantó canciones chilenas y yo argentinas[1]), donde escribía, compartía y aprendía. Sobre todo, aprendía a vivir. Todas las ciudades enseñan cosas. Yo lo he llegado a saber. Cada una de aquellas en que he vivido me dejó algo, un sedimento de calor, una lección de lo que es la resistencia humana, de lo que son los hombres frente a la alegría o en presencia de la dureza de la vida. Sobre todo Madrid. Precisamente así tituló uno de sus libros de memorias; Sobre todo Madrid. Aunque son varias las crónicas y artículos en que el escritor evoca esos años y esa ciudad. Uno de ellos, publicado a tres años de su regreso a Chile, lo inicia añorando la ciudad de acogida. Madrid vive en mí, con recuerdos que se hacen cada vez más tirantes, más urgentes. Recuerdos que se traducen en un afán de volver a ver la querida y gloriosa ciudad, y en un temor, bien justificado, por cierto, de encontrar un Madrid que no era el mío, el que mi corazón amaba.[2]

Délano conoció la ciudad de extremo a extremo. Desde el viejo Madrid, aquel en que vivió sus primeros meses en la calle de los Mancebos, el de las calles estrechas, de los Mercados, el Rastro, la Plaza de la Cebada, la calle de cuchilleros, hasta la Ciudad Universitaria, en ese entonces de reciente construcción. Muchas veces caminó, de regreso a su casa, por la calle de la Paloma, con posadas de tres siglos de antigüedad, en la que estaba el famoso Mesón del Segoviano, donde arrieros y turistas comían el mismo cocido a la madrileña. En ese Mesón había un viejo álbum en el que firmaban los forasteros de cierta categoría. Una noche, curioseando en él, Délano encontró los nombres de sus compatriotas: Joaquín Edwards Bello, Galileo Urzúa, Alfredo Lobos y Alfredo Condon, aquel funcionario chileno que recibió los primeros manuscritos de Residencia en la Tierra, cuando Neruda estaba aislado en Oriente.

Sin ser un asiduo de bares y cafés, Délano acudió más de una vez a aquellos lugares que se hicieron famosos por las reuniones y tertulias que en ellos se celebraban. El de la Granja de Henar, por ejemplo, donde iba muy a menudo Valle Inclán y donde podía encontrarse al poeta Rafael Alberti y al dramaturgo Jacinto Grau, o al café de la calle San Bernardo, que albergaba a don Antonio Machado, a Pío Baroja y los demás sobrevivientes de la generación del '98; la Cervecería de Correos, frente al Palacio de Comunicaciones, donde se reunía la peña de Federico García Lorca; Pombo, en la calle Carretas, cerca de la Puerta del Sol, en la que el protagonista era Ramón Gómez de la Serna; el café España, en el que se reunían los amigos de Neruda; la bodega oscura y pintoresca de Calatrava, donde conoció a Augusto D'Halmar y en la que servían unos caracoles guisados que sabían a gloria. Alguno de esos sitios fue más cercano al carácter de Délano. Es el caso de La Taberna de Pascual, en la calle de la Luna, donde se cantaba, se bebía buen vino y se podía estar la noche entera oyendo cantar a los otros; o la Taberna de Vicente, que se caracterizaba por sus tapas y por la rapidez con que llenaban los vasos puestos en hilera encima del mostrador. En los días en que el dinero era escaso, las cenas se hacían en un pequeño bar de la calle Hilarión Eslava, muy cerca de la Casa de las Flores. Por una peseta les servían un bistec con porotos blancos estofados y un vaso de vino y, lo más agradable del sitio, según Délano, es que no hacía falta avisar cuando iban a quedar debiendo el consumo. Bastaba con un leve movimiento de cejas para que el dueño del establecimiento comprendiera. Y así, cien y una taberna conocidas en aquel Madrid mágico. Y si había alguna que no se conocía, se descubría. Uno de los placeres del grupo de amigos era descubrir nuevas bodegas y sitios agradables.

Neruda descubrió una noche una taberna que tenía un nombre ilustre: Picasso, especializada en excelente vino añejo a dos pesetas la botella. La subían desde la cueva, chorreando telarañas. El secreto de este Picasso consistía en dejar descansar por años las botellas de vino corriente en su bodega. El tiempo iba dotando al vino de dulzor y categoría.[3]

Sin embargo, una de las calles de recuerdos más entrañable para Délano en aquel viejo Madrid, es la de la Fuente del Berro, y no por que allí hubiera algún café o taberna famosa por sus tertulias. En esa calle se situaba la Maternidad María Cristina, en la que el 22 de abril de 1936 nació Poli, su único hijo. El padre evoca el debate con su esposa por el nombre que debía llevar el primogénito. Cuando la encargada de estadística de la maternidad le preguntó qué nombre le pondrían, tuvo en los labios la palabra Policarpo. Era natural, así le comenzó a llamar Neruda y así le llamaban desde varios meses antes. Un gesto de Lola lo detuvo.

‑No le vamos a poner Policarpo... ‑dijo Lola.

‑¿No?

‑¡Cómo se te ocurre! Es un nombre muy estrafalario. Cuando grande nos maldeciría.

-¿Y qué diablos hacemos? Hay que inscribirlo ahora. Si no, será hijo ilegítimo.[4]

Lo inscribieron con el nombre de su padre: Enrique. Pero le llamaron Poli por siempre. Con los años, Poli se convirtió en un portentoso narrador y en el orgullo de sus padres. Además, contrariamente a lo que pudo pensar alguna vez Lola Falcón, nunca los maldijo por haberle dado ese nombre.

De la tierra en que pacen las bestias

y cuya superficie el viento dora,

de esa misma región hecha de lodo y hierba

ha venido a situarse entre mis brazos.

¡Cómo le espanta el viento de los trenes,

cómo lo sobresaltan los ruidos que empuja la noche!

Hay en mi pecho un temblor que se mete en mis huesos

cada vez que la pura frente alza y abre los ojos mudos.

En él que es de la tierra, los vientos se entrecruzan

y resbalan las roncas tempestades.

En él veo los rostros de generaciones distantes,

generaciones difuntas, con el cabello vencido

y ropas de ceniza que ya no se sostienen.

Veo lejanos seres de tierras congeladas,

navegantes, soldados, rubios exploradores,

Délanos decorados con encendidas barbas

cuyos huesos descansan al fondo del océano.

¡Ah camarada mío, en él me veo yo

como era, como soy, como seré en la muerte,

tendido, en abandono, hacia el aire los ojos!

Luego, cuando sonríe, ¡oh propicia ternura,

oh pedazo de tierra salvaje y silenciosa,

yo por esa sonrisa, por conservarla siempre,

daría hasta las últimas raíces de mi vida![5]

Lola Falcón y Luis Enrique Délano ya eran padres. Responsables y orgullosos padres. Quizá éste profundo sentimiento hizo que Luis Enrique, algunos años después, evocara con ternura la figura de una niña, que no tuvo la fortuna que tuvo su hijo:

La recuerdo como a una niña pálida, de cabellos y ojos oscuros, como los de su padre. ¿Los rasgos nórdicos de su madre no se reflejaron en ella? Pensándolo bien, quizá la forma de la cara era la de Maruca. La recuerdo en su cuna y en el cochecito en que su madre la llevaba al parque, el Parque del Oeste, que era el que quedaba más cerca de la Casa de las Flores ‑una especie de edificio Condesa del Madrid de esa época‑, donde vivía la familia... No hablaba, solamente miraba con sus ojos grandes y dulces, como asustados. ¡Y cantaba! Su madre, que era muy entonada, le había enseñado a cantar y la niña seguía la melodía de las canciones también con muy buen oído.[6]

Haciendo gala de su bien ganada fama de memorialista acucioso, recordaría en México a Malva Marina Trinidad, la única hija de Neruda, nacida en el turbulento y mágico Madrid de aquellos años.

*Extraído del libro "Luis Enrique Délano. Profesional de las distancias", (Inédito) de mi autoría.


[1]Raúl González Tuñón. Recuerdo de Miguel Hernández. Aurora de Chile Nº 13, Santiago, 4 de agosto de 1939. p.2.

[2]Luis Enrique Délano. Madrid. Revista Qué Hubo Nº 5, Santiago, 11 de julio de 1939. p.22.

[3]Ibíd.

[4]Luis Enrique Délano. Sobre todo Madrid. ob. cit.

[5]Luis Enrique Délano. El Hijo. La Hoja Verde, Nº1, Santiago, Marzo 1991.

[6]Revista Araucaria de Chile Nº 28, Madrid, 1984.

viernes, 5 de noviembre de 2010

CENTENARIO DE MIGUEL HERNÁNDEZ

LOS CIEN AÑOS DE UN POETA. HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ

30ª Feria Internacional del Libro de Santiago. Centro Cultural “Estación Mapocho”- Santiago de Chile • 11, 12 y 13 de noviembre 2010

Organizan: Consejería Cultural de la Embajada de España y Fundación Pablo Neruda

PROGRAMA

Jueves 11 de noviembre

19:00 ACTO INAUGURAL de “Los Cien Años de un Poeta: Homenaje a Miguel Hernández”
Bienvenida y Presentación del Encuentro.
Intervienen: Fernando Sáez, Director Ejecutivo Fundación Pablo Neruda.
José Carlos Rovira, Presidente Comisión Ejecutiva Centenario de Miguel Hernández
Juan Manuel Cabrera, Embajador de España en Chile
Con la participación del cantautor Joan Manuel Serrat
(Dirigirá unas palabras a propósito del centenario del poeta y del reciente lanzamiento de su segundo disco de canciones basadas en poemas de Miguel Hernández).

“Elegía” Recitada por el actor Humberto Duvauchelle.

RECITAL
“Eduardo Peralta canta a Miguel Hernández”
Recital poético musical del cantautor y trovador chileno.

Sala de las Artes de Estación Mapocho*
(*) Ingreso a la sala sólo con invitación.


Viernes 12 de noviembre

“CONVERSACIONES SOBRE MIGUEL HERNÁNDEZ”
Serie de cuatro coloquios hernandianos con la participación de un destacado panel de especialistas internacionales y nacionales.


18:30 1er. Coloquio: “Miguel Hernández en el contexto literario español de los años 30”
Participantes: Francisco Javier Díez de Revenga, catedrático de la Universidad de Murcia, España; escritor / Nelson Osorio, profesor de la Universidad de Santiago de Chile.
Modera: Fernando Sáez, Director Ejecutivo de la Fundación Pablo Neruda, escritor.
Sala Camilo Mori

RECITAL
19:30 “Miguel Hernández en Música y Poesía”, recital poético musical presentado por Carlos Ledermann, concertista en guitarra flamenca (Gustavo López, en percusión) y el actor Humberto Duvauchelle.
Sala Camilo Mori


“CONVERSACIONES SOBRE MIGUEL HERNÁNDEZ”
20:00 2º Coloquio: “La relación de Pablo Neruda y Miguel Hernández”
Participantes: Serge Salaün, catedrático de la Universidad de la Sorbonne Nouvelle, París III, Francia / Julio Gálvez Barraza, escritor chileno.
Modera: Darío Oses, Director de la Biblioteca de la Fundación Pablo Neruda, escritor.
Sala Camilo Mori

Sábado 13 de noviembre

“CONVERSACIONES SOBRE MIGUEL HERNÁNDEZ”

11:30 3er. Coloquio: “Miguel Hernández ante la poesía latinoamericana”.
Participantes: José Carlos Rovira Soler, catedrático de la Universidad de Alicante y Presidente de la Comisión Centenario de Miguel Hernández, de España / María Inés Zaldívar, escritora y profesora de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Modera: Darío Oses, Director de la Biblioteca de la Fundación Pablo Neruda, escritor.
Sala Camilo Mori


12.30 4º Coloquio: “Sobre el significado y el valor de la obra de Miguel Hernández”.
Participantes: Francisco Escudero Galante, del Centro de Estudios Hernandianos, Elche, España; periodista y escritor / Andrés Morales, escritor y profesor de la Universidad de Chile.
Modera: Jaime Pinos, Director de la Casa Museo La Sebastiana, escritor.
CIERRE DEL ENCUENTRO
Sala Camilo Mori


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Panel de especialistas internacionales participantes en “Conversaciones sobre Miguel Hernández”

Participantes España:

1. José Carlos Rovira
2. Francisco Javier Díez de Revenga
3. Serge Salaün (Francia)
4. Francisco Escudero

Participantes Chile:

1. Nelson Osorio
2. Julio Gálvez Barraza
3. María Inés Zaldívar
4. Andrés Morales


Moderadores: Fernando Sáez, Darío Oses, Jaime Pinos.

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OTRAS ACTIVIDADES:

• Coloquio en la CASA MUSEO LA SEBASTIANA, Valparaíso, organizado por la Fundación Pablo Neruda.
Martes 9 de noviembre, 19,00 horas. Miguel Hernández y Chile. Participan: José Carlos Rovira, catedrático de la Universidad de Alicante y Presidente de la Comisión Centenario de Miguel Hernández, de España y Julio Gálvez Barraza, escritor e investigador.